Beneficios del Aceite de Coco

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En el pasado, se demonizó el uso del Aceite de Coco porque se trata de una grasa saturada. Si, tiene grasas pero como las puede tener el Aceite de Oliva, el Aguacate, o el Salmón y no por eso los eliminamos de nuestra dieta por completo.

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De hecho, el Aceite de Coco es uno de los pocos aceites de origen vegetal rico en grasas saturadas, con casi un 90% de su composición basada en ácidos grasos saturados. Sin embargo, todos los nuevos estudios apuntan a que el uso de las grasas saturadas en la alimentación es inofensivo y está más que demostrado que no existe relación alguna entre su consumo y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, como le han hecho creer todos estos años. Además, el Aceite de Coco no contiene las grasas saturadas habituales que se encuentran en la carne roja o en el queso. Al contrario, contiene unas grasas llamadas triglicéridos de cadena media, que también se encuentran en la leche materna, y que está más que demostrado que son altamente beneficiosos para el organismo. Los ácidos grasos de cadena media se metabolizan de manera diferente a como lo hacen los ácidos grasos de cadena larga, los habituales en la dieta. En concreto, pasan directamente al hígado desde el tracto digestivo, donde se utilizan como fuente inmediata de energía o se convierten en cuerpos cetónicos, que entre otras cosas pueden tener efectos terapeúticos en el cerebro de los pacientes de enfermedades como la epilepsia o el Alzheimer.

Podemos considerar el coco es una comida exótica en el mundo occidental, consumido principalmente por personas que se preocupan por su salud. Sin embargo, en algunas partes del planeta, es coco es uno de los cimientos de la alimentación desde tiempos ancestrales. El mejor ejemplo lo encontramos en las poblaciones que viven en el pacífico sur. Por ejemplo, la tribu de los Tokeluanos ingiere un 60% de sus calorías diarias del coco y son los mayores consumidores de grasa saturada del planeta. Esta tribu disfruta de una excelente salud y no hay evidencias de enfermedades cardiovasculares entre sus miembros. Otro ejemplo similar es el de los Kitavans, con similares resultados.

La obesidad es uno de los mayores problemas con que nos enfrentamos en esta época. Mientras algunas personas siguen estancadas en la falsa creencia de que todo se debe a una suma y resta de calorías, la realidad es bien distinta: es igual de importante, si no más, controlar la procedencia de las calorías. No es lo mismo 10 calorías procedentes de carbohidratos, que de proteínas, o, como en el caso del Aceite de Coco, de la grasa saturada. Es un hecho científico probado que los distintos alimentos tienen efectos en nuestro organismo y sus hormonas de distinto modo. En este sentido, una caloría no es “una caloría”. Los triglicéridos de cadena media presentes en el Aceite de Coco pueden incrementar el gasto energético del organismo cuando los comparamos con la misma cantidad de calorías procedentes de los ácidos grasos de cadena larga. Un estudio reciente descubrió que ingerir entre 15 y 30 gramos diarios de triglicéridos de cadena media puede acelerar nuestro metabolismo hasta en un 5%, o lo que es lo mismo, unas 120 kcal para la mayor parte de las personas.

Unos de los aspectos más interesantes del Aceite de Coco es que puede reducir tu apetito. Esto puede deberse a como los ácidos grasos que contiene son metabolizados, porque los cuerpos cetónicos que se forman pueden contribuir a reducir el apetito. En un estudio reciente, se suministró distintas cantidades de ácidos grasos de cadena media y larga a 6 adultos sanos. Los hombres que consumieron la mayor parte de los ácidos grasos de cadena media, comieron a lo largo del día 256 calorías menos de media que aquellos que tomaron ácidos grasos de cadena larga. En otro estudio similar en 14 varones sanos, se descubrió que aquellos que desayunaban más ácidos grasos de cadena media comían significativamente menos calorías durante el almuerzo. Estos estudios fueron cortos y realizados con pocas personas, pero si los efectos persisten en el tiempo, podría tener una influencia demoledora en la masa corporal de los sujetos en un período de varios años.

El Aceite de Coco está cargado de grasas saturadas que no afectan el perfil lípido de la sangre como erróneamente se ha creído durante mucho tiempo. Las grasas saturadas elevan el HDL (colesterol bueno) y cambian el LDL por un subtipo más benigno. En un estudio realizado con 40 mujeres, el Aceite de Coco redujo el colesterol total y el LDL al tiempo que elevó el HDL cuando se le comparó con la ingesta de aceite de soja. En otros estudios llevados a cabo con ratas se ha demostrado que la ingesta de Aceite de Coco reduce los triglicéridos, el colesterol total, el LDL y aumenta el HDL, mejora la coagulación y el estado antioxidante de la sangre. Esto mejora los riesgos de contraer enfermedades cardiovasculares a largo plazo.

El Alzheimer es una de las mayores causas de demencia senil y ocurre principalmente en la población más mayor. En los pacientes de Alzheimer, parece que el cerebro pierde la capacidad de utilizar la glucosa como energía. Los cuerpos cetónicos pueden proporcionar esta energía al cerebro y los investigadores están especulando con la idea de incrementar la cantidad de cuerpos cetónicos en la sangre para mejorar las funciones cerebrales de los pacientes y reducir los síntomas del Alzheimer. En un estudio llevado a cabo en 2006, el consumo de triglicéridos de cadena media en pacientes de Alzheimer moderado produjo una inmediata mejoría en su función cerebral. Otros estudios ofrecen los mismos resultados y por ello se están llevando a cabo estudios más intensivos con los triglicéridos de cadena media para su uso potencial terapéutico en pacientes con Alzheimer.

Dado que el Aceite de Coco puede reducir el apetito e incrementar el ritmo al que se quema la grasa, parece lógico que te pueda ayudar a perder peso también. El Aceite de Coco parece ser bastante adecuado para reducir la grasa abdominal, esa que se encuentra rodeando a los órganos vitales y que es de sumo riesgo. Esta grasa, también conocida como grasa visceral, es la más peligrosa y se asocia comúnmente con muchas enfermedades del mundo occidental. El contorno abdominal se mide con facilidad con una cinta métrica y es un buen indicador de la cantidad de grasa visceral que tenemos. En un estudio llevado a cabo con 40 mujeres con obesidad abdominal, suplementando su dieta con 30ml de Aceite de Coco al día redujo tanto su índice de masa corporal como su perímetro abdominal en un período de sólo 12 semanas. En otro estudio con 20 hombres obesos se notó una reducción en el perímetro abdominal de 2,86cm después de sólo 4 semanas tomando 30ml de Aceite de Coco al día. Aunque estas cifras puedan no parecer demasiado grandes, no hay que perder de vista el hecho de que ni realizaron ejercicio físico alguno ni redujeron en absoluto su ingesta calórica. Simplemente añadieron Aceite de Coco a su dieta.

Con todo esto lo que vengo a decir es que a veces tenemos un producto o alimento tachado por información que tenemos de años atrás, y que por estudios posteriores dicha información queda obsoleta y actualizada. No hay mejor manera que reciclar la información y conocimientos que tengamos para sacar el mejor rendimiento a nuestro día a día.

Esto no quiere decir que tengamos que ir al supermercado más próximo y comprar un cargamento de aceite de coco, pero que cuando lo veamos como ingrediente en alguna etiqueta de alimento o lo leamos en alguna receta, sepamos más sobre él, que no es tan malo como lo pintaban y que su uso puede ser incluso beneficioso para nosotros.


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